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Corrientes
24 mayo 2022

Chamamé, carnaval … ¿¿¿y la salud para cuándo????

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Griselda Abreo

Corrientes, una de las provincias más pobres del país y con los peores índices sanitarios, es azotada en este momento por la pandemia de covid-19, resistiendo con el esfuerzo de los trabajadores de la salud que, incansablemente, han estado sosteniendo desde hace más de veinte años un sistema sanitario deficitario. En la actualidad la situación se ve agravada por la tercera ola de coronavirus, que pone en jaque la salud de los correntinos.

Ya es por todos sabido -y casi naturalizado- que, en el interior de la provincia se han inaugurado estructuras sanitarias con escasos recursos humanos (incluso sin ellos en algunos lugares). Este no es un dato menor y determina una práctica de lo más habitual, el desfile cotidiano de ambulancias que acarrean pacientes a la capital, dónde los hospitales y centros de salud deben dispensar atención adecuada a cada caso, por la imposibilidad de responder de manera idónea y eficiente en las localidades de origen. La descentralización de la atención no es más que una ilusión cuyo velo cae pronto ante la necesidad de una respuesta médica especializada.

Aclaremos que esto no se debe al covid-19, sino que desde hace años constituye el programa sanitario de este gobierno. Hoy, enfrenta al panorama correntino que no sólo tiene que ver con la pandemia, sino también con los reclamos sostenidos y crecientes de los ciudadanos correntinos. La falta de condiciones dignas de vida que atraviesa de manera transversal a los reclamos, la falta de agua, luz y la emergencia climática que azota junto con los focos de incendio en las diferentes partes de la provincia. Muchos de estos son reclamos silenciados, noticias que nos son vedadas a nivel local y que, en el mejor de los casos, podemos tomar contacto a partir de medios nacionales que visibilizan problemáticas, a las que nos vemos como ajenas aun transitándolas en primera persona.

Profundamente interpelada y con preocupación por la salud de los correntinos, me veo movilizada a poner en interlocución estas reflexiones; invitando a pensar que al hablar de salud no apelamos a un concepto teórico, vacío, sin cuerpo, que alude solo a la falta de enfermedad –como a veces se escucha de boca de nuestros funcionarios, que bien saben adornar discursos con promesas vanas que no se hacen luego carne en la práctica-; la salud responde a un estado de bienestar biopsicosocial y no puede pensarse sino de manera colectiva, con políticas públicas que puedan garantizarla.

Este es un llamamiento a la reflexión, para todos los funcionarios que tienen la responsabilidad de que, en esta etapa de la pandemia, los profesionales de la salud estén extenuados, exhaustos, después de dos años asistiendo con total dedicación y sin descanso a los pacientes.  

Todos los días escuchamos de cerca el número de infectados, dados de alta y muertos. Cifras, no obstante, que no reflejan por entero la gravedad de la situación. Si fuere el caso que lograran discriminar con mayor precisión de entre los infectados cuántos responden al personal de Salud, el panorama sería otro. Trabajadores de la salud aislados, enfermos –incluso algunos padecimientos invisibilizados, pero no por eso menos cruentos, como lo son los que afectan a la salud mental-, otras tantas pérdidas irreparables. Servicios e instituciones que trabajan con menos de la mitad del recurso humano, tanto en el sistema público como el privado; el hospital de niños, referente a nivel provincial, con alta demanda y pocos profesionales para dar respuesta, el interior sin recursos humanos disponibles, con hospitales devastados -estructuras vacías sin médicos-

Lo peculiar de la situación es cómo la pandemia acrecentó la gravedad ya existente de un sistema de salud deficitario, con políticas públicas en materia de salud que no pueden cobijar las necesidades de la población.

Frente a este panorama oscuro vemos como los funcionarios con responsabilidades por el contrario, se regalan entradas para asistir al festival del chamamé, bajo la idea de que el contagio es menor en espacios abiertos y la cepa menos mortal, pero y ¿quién piensa en los trabajadores de la salud y la incapacidad del sistema sanitario? ¿quién piensa en los profesionales enfermos y muertos? El covid-19 no es el único problema.

Saben los correntinos que están en riesgo de no ser atendidos, saben que hay instituciones que ya no cuentan con médicos de guardia activa, saben que hay terapias con solo dos o cuatro médicos de guardia para toda la semana. Los correntinos están siendo distraídos con chamamé y carnaval, y los profesionales de la salud son exigidos como si fueran parte de una infraestructura, aprovechándose del juramento que oportunamente hicieron y de la elección de la profesión, ¿hasta donde vamos a permitir esta situación sin tener en cuenta que los trabajadores de la salud tienen familias que atender, enferman como cualquiera de nosotros, qué se agotan, que han perdido familiares, que ya no pueden más y que tiene derecho al descanso?

Protejamos la salud de todos los ciudadanos correntinos, y cuando digo todos, hablo también de los profesionales de la salud, de lo contrario no habrá salud posible.

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