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A los tironeos entre los asesinos seriales del idioma y los pasivos espectadores de su destrucción

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¿Cómo se lucha contra la difusión de los errores semánticos a manos de quienes no deben equivocarse?

Comunicadores que se despachan porfiadamente con el uso de términos incorrectos, o provenientes de otros idiomas -ya se han incorporado muchísimos, como: drenaje (drainage), vagón (wagon), bistec (beef steak), tanque (tank), panfleto (pamphlet), cóctel (cocktail), suéter (sweater), güisqui (whiskey), evento (event), champú (shampoo), sándwich o sánguche (sandwich), túnel (tunnel), estándar (standar) y decenas más-, y docentes que los repiten en las aulas, forman una asociación cultural casi imposible de derribar, y si además de la invasión extranjera trastocan el propio lenguaje alterando su estructura y desestabilizando las bases del idioma, poniendo género donde no lo hay y diversificando donde no se debe, solo quedará para los amantes del castellano la oración (para los creyentes) o aprender a usar los tamboriles africanos para comunicarnos con el famoso tam tam.

De esta manera, y tratando de desentrañar -por alguna parte- la complejidad de la distorsión, es dable iniciar por los traspiés que se dan en la utilización de las preposiciones, que ha dado pie a que en la actualidad se editaran infinidad de capítulos, innumerables artículos y hasta algunos libros que tratan sobre los nuevos y los malos usos. Para comenzar a dilucidar el embrollo hay que saber que hay verbos que necesitan la preposición para completar su significado, y los que los usan deben aprender a utilizarlos.

A fin de comprender el grado de equivocación no hay nada mejor que utilizar las frases que se escuchan diariamente de los periodistas, principalmente los deportivos. Por ejemplo: “Estamos esperando por los equipos”, incorrecta desde todo punto de vista con ese verbo; la forma correcta -determina qué están haciendo- es: “Estamos esperando a los equipos”, y que puede verse modificada así: “Estamos esperando los equipos”, donde se manifiesta la esperanza de que eso pase. Acá hay 3 ejemplos más: “Boca juega con River”, “Boca juega ante River” o “Boca juega frente (adverbio) a River”; la primera indica que hacen algo juntos (el ejemplo del gato y el ratón: uno juega con otro), la segunda que uno está delante del otro -como al mirar televisión: frente o ante la pantalla-, y la forma correctas es: “Boca juega contra River”, que es lo que implica todo acontecimiento deportivo: el enfrentamiento, sea contra uno mismo o (usualmente) enfrentando a alguien.

Con respecto a por puede reemplazar a la preposición a y a algunos verbos, por ejemplo: a traer o a buscar;así tenemos: “Voy por el dinero”, “Fueron por droga”, “Vinieron por ropa”, “Van por conocimiento”, etc.

Ahora bien, estos son algunos de los yerros, que están instalados y en algunos casos son consentidos por los mismos que estudian el idioma, pero ¿por dónde empezar a remontar la corriente antes de que caigamos por la catarata y retornemos a la comunicación criptográfica o al habla telegráfico? ¿Serviría estudiar sus motivaciones: la pereza lingüística, el facilismo semántico, la ignorancia y (en algunos casos) la obstinación, que pueden ser las causas de que tales aberraciones del lenguaje se mantengan y se consoliden? Esas preguntas deberían ser respondidas cuanto antes, para empezar a solucionar lo que dista mucho de ser solucionado.

Federico G. A. Zamudio

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